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Una marea evaporada

Hola! Soy Jaime, trabajador social desde hace casi 3 años y antropólogo desde hace unos meses. Sevillano. Como la mayoría de jóvenes entre 16 y 30 años, en paro.

Creo que se me ofreció esta colaboración después de haber compartido, con las personas que administran la web, experiencias y ratos de crítica sobre temas de nuestra profesión que a veces parecen…¿cómo llamarlos sin que suene mal? ¿Poco éticos?

Una marea evaporada

El tema con el que quería comenzar esta semana es, ¿tenemos las trabajadoras sociales conciencia de grupo? (Por cierto, aclaro que utilizaré el femenino como “género neutro” para no recargar el texto de determinantes.). A lo que iba, en estos tiempos convulsos en los que, como mi profesor y catedrático en trabajo social José Luís Malagón llamaba “el estado de Regularestar”, ha sido diezmado y varias plataformas han surgido en defensa de todos los servicios sociales en sentido amplio, es donde podríamos vislumbrar nuestro “sentimiento de profesión”.
¿Has estado en las últimas manifestaciones contra los recortes? Seguro que sí; además nuestro código deontológico nos induce a luchar contra las injusticias. Marea verde por la educación pública, cientos y cientos de personas; mareas blanca y roja por la sanidad, miles de personas y días de huelga en hospitales; marea naranja por los servicios sociales…Ay, ¿dónde están las profesionales de servicios sociales? Si acaso, más que una marea, parecemos un charquito. Pero ojo, un charquito de agua limpia eh, que no hablo en tono despectivo. Parece que nuestra corriente o nuestro oleaje se han ido evaporando con el tiempo, y esas nubes formadas por gotitas naranjas han descargado en otros mares.
Una trabajadora social que trabaja en sanidad, se siente personal sanitario, e incluso a veces la verás con una bata blanca (por lo menos el antiguo código deontológico decía que no debíamos diferenciarnos de los usuarios con distintivos). Lo mismo que una educadora social se siente identificada con el personal de su instituto porque es una profesión “entre dos aguas”.
Entonces…¿dónde está el problema para que no marchemos unidas? Yo sigo dándole vueltas al tema para ver si encuentro alguna lógica (interna o externa) y sólo se me ocurre alguna hipótesis no comprobada: nos dividimos en exceso por sectores y no les encontramos conexión entre sí. Me explico: una trabajadora social de la ley de autonomía personal (no me gusta nada llamarla “ley de dependencia”) tiene poco contacto con la educadora social del colegio X; o una integradora de una unidad de tratamiento ambulatorio de las drogodependencias tiene poco que ver con una terapeuta ocupacional de una residencia de personas mayores, porque creen que tratan problemas muy diferentes.
Eso es lo que yo veo, y la razón…me da la impresión que es la invisibilidad de nuestra profesión, que nos absorbe tanto dentro de otros sistemas, que incluso absorbe nuestra identidad profesional.
Lo habitual después de un texto así sería alguna consigna de ánimo a la lucha y a la unión, pero me la voy a reservar por lo menos en esta primera publicación. Reflexionad, comentadme, criticadme…haced uso de vuestras herramientas olvidadas.

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Colaboracion “¿ Practicum o Panicum?”

Hola, me llamo Cesar, y os voy a contar algo cada Lunes alterno.
Trabajo en una Asociacion. Soy Trabajador Social desde hace 10 años.

Cuando se me ofreció esta colaboración entré casi en pánico ¿ De que podía hablar yo? Trabajo en el ámbito de la discapacidad, sería fácil recurrir a ello, y aprovechar para hacer una llamamiento a la marcha #sosdiscapacidad. Ese mismo sentimiento de pánico me hizo recordar mi primer día de practicas.

Allí estaba yo con mis veintiuno, dispuesto a salvar el mundo.

Elegí Servicios Sociales básicos, Madrid capital.

Una hora de presentación, explicaciones, visita guiada por el centro y encierro en el despacho con mi tutora: una trabajadora social que tenia su plaza desde hacía 6 años, Aurora. Era una mujer simpática, entusiasmada con tenerme allí.

Yo asustado. Y ocurrió lo que menos esperaba. Tenia una visita, y el usuario era con una problemática relacionada con el juego.

No quiso que saliera, allí seguía yo sentado dispuesto a aprender, libreta en mano.

La conversación fue muy corta. Aurora le dijo textualmente: No voy a darte dinero. No me expliques nada. Fin.

Me enfadé, me indigne – esa palabra tan “ahora“- y quise irme de allí, de ese lugar inhumano. Esa Trabajadora Social no había sacado su capa de superhéroe, no le había dejado hablar, no había sacado sus folios para seguir un plan de trabajo. Le despachó en 10 segundos. ¿ No estamos aquí para ayudar a la gente?

Aun me resulta graciosa aquella escena. Ahora lo entiendo.

Lo ideal sería que yo ahora explicara aquí porque lo he entendido, porque incluso yo lo he reproducido, pero no voy a hacerlo. Entender qué ocurre es probablemente una de las cosas mas bonitas del Trabajo Social, y el secreto tenéis que descubrirlo vosotros y vosotras. Yo solo quería iniciar “nuestra relación” desde la confianza del “yo pase por allí”

Esto es lo que vais a descubrir vosotros y vosotras, estudiantes, que es a quien primero he querido dirigirme.

Quería contar algo en principio puramente anecdótico. Pero empezar nuestra relación haciéndoos recordar a algunos ese momento y mostrándoos a otros y otras que yo también pasé por aquello. No entendía y me enfadaba.

Partamos de la confianza. Por cierto, de aquel usuario hace ya mucho tiempo se cerró expediente, satisfactoriamente.

¿ Habeis tenido ya vuestro primer dia de practicas?

Comentarios abiertos.

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